A la una de la tarde, los organizadores creyeron haber contado 12000. Pero la respuesta habría de rebasar todas las expectativas.por María Dolores Bolívar
Con esas palabras inició la prensa su reportaje de la marcha por la dignidad, la esperanza y el respeto que congregó a más de 50 mil personas en el corazón de la ciudad de San Diego. La marcha es el corolario de más de una semana de caminatas organizadas por los estudiantes preparatorianos y sus padres. Hoy, domingo de ramos, los curas oficiaron sus misas en sitios públicos como Chicano Park o la explanada de la iglesia de San José. Pero lo verdaderamente inédito, histórico, único, fue la congregación de un número insólito de personas que caminaron, cual hormigas diligentes del museo del hombre al edificio del Condado, junto al embarcadero.
El valor artesanal de algunas imágenes e iconos los volvió majestuosos.Al ritmo de cielito lindo y cuatro milpas y luego de una dedicatoria solemne al sol, iniciada por danzantes ataviados con trajes del México Antiguo, la marcha partió de la explanada contigua al museo del hombre. Eran apenas 12 tempraneros que acudieron al parque Balboa al llamado de cientos de organizaciones e individuos que a través del correo electrónico "pasaron la voz".
Vinieron familias completas, solidarias y sonrientes. La gama era amplia y efusiva. Resaltaban las carriolas y las sillas de ruedas... y todos, al unísono, vencieron los obstáculos. No hubo distancias ni impedimentos. Llegaron y llegaron sin parar.Muchas personas se desplazaron hacia el parque Balboa procedentes de Fallbrook, Oceanside, Carlsbad, Escondido, San Marcos, Vista. Llegaron de blanco con banderas y pancartas hechas a mano. Iban en familia. Algunos, reunían en su van o en su automóvil a cuñadas, abuelitas, primos, primas, amigos, muchísimos niños. Traían carritos, patines, sillas de ruedas. A la entrada del parque la animación comenzaba con los puestos de banderas, pañuelos, diademas. Un vendedor aclaró que vendía banderas de Guatemala, El Salvador, Estados Unidos, México. Los colores se multiplicaron como nunca al aire, contrastando con las camisetas y camisas blancas, muchas de ellas con inscripciones contundentes, bien pensadas.
A diferencia de la marcha de Los Ángeles, cuyos números difícilmente se podrán superar en mucho tiempo, la de San Diego fue una marcha politizada, contundente, variada. Hubo música, oraciones, baile, consignas, cantos, muchas sonrisas. "Somos trabajadores, no somos criminales..." "Sí se puede..." "Bush, escucha, ya estamos en la lucha..."
El muro fue uno de los temas de esta marcha, como lo fue también la negativa a aceptar que los trabajadores sin documentos sean también criminales.Una página memorable para todos
Los que no marchaban miraban desde las azoteas, los balcones, distraídos momentáneamente de sus puestos de trabajo. No faltó la nota chusca... Desde un hotel con vista al embarcadero, un chef fue coreado desde la calle por la muchedumbre... "Chef... se te queman las tortillas". Los habitantes del centro observaron atónitos la expresión diligente de miles de personas que marcharon por un lapso no menor a cuatro horas. Desde sus puntos de observación, cientos de fotógrafos y periodistas fueron sorprendidos por el flujo interminable de cuerpos marchando sin parar a lo largo de un trayecto que recorrió, entrando por el puente de Laurel, la avenida 6 hasta la Broadway, haciendo un giro táctico hacia la izquierda y retomando la Broadway hasta el embarcadero, en donde iniciaron las actividades programadas a eso de las 3 de la tarde. A cierto punto, los participantes se observaron de calle a calle en un imponente cara a cara que les hizo percibir, en la marcha, que eran muchísimos. La policía y los automóviles no salían de su asombro.
No solo fotógrafos o hispanos se apostaron en los balcones y entradas. Los habitantes del centro de la ciudad salieron con cámaras y teléfonos. Todos estaban ciertos de que pasaba por sus puertas un poco de historia.Desde el free way los conductores daban muestras de apoyo. Muchísimo autos llevaron banderas estadounidenses y mexicanas en señal de apoyo.
Oficialmente fueron unas cuarenta organizaciones, como MAAC, la diócesis católica, los sindicatos 2028 y 1877, agrupaciones de universidades, coaliciones de barrio, de gremio, de distintas filiaciones políticas, las que propiciaron la movilización pacífica de todas estas personas. Visiblemente organizados, vimos un grupo de voluntarios que ayudó a mantener a la columna unida y atenta a las indicaciones de los policías. Nos llamó la atención la alegría, las sonrisas, la presencia refrescante de tanto niño ondeando banderas, banderitas, banderotas.
Las fotos hablan más que las palabras. Los noticieros televisivos ya comenzaron a ocupar sus espacios con esta marcha que rompe los esquemas conocidos en San Diego. Nunca antes se habían reunido tantas personas. Ha sido un domingo de ramos inédito, único, histórico.
Los anti-inmigrantes no faltaron
No faltaron los opositores de la marcha. Cien, a lo mucho, de parte de las organizaciones de vigilantes llamados Minute Men. Reclamando derechos y exclusividad constitucional, casi lograron propiciar una escaramuza de palabras. Pero la muchedumbre con espíritu pacífico dominó y no se reportaron incidentes, para sorpresa de todos los presentes. Igualmente imponente fue el regreso al parque Balboa, donde la mayoría habían dejado estacionados sus autos. Para las seis y media de la tarde todavía continuaba el río de gente con sus banderas ondeando y los aplausos y los llamados desde las bocinas de los autos.

