Sunday, April 02, 2006

Las desvirtudes de la globalidad o el cuento de una caperucita que se enrolló en la bandera...



...a manera de asustar al lobo cuya empresa solo contrataba abuelitas venidas de tierras lejanas

Por María Dolores Bolívar

Esta semana, la última de marzo, de lunes a viernes, fue todo un torbellino. El lunes, despertamos a la realidad de un nuevo orden: el de las calles y las masas que viene a remplazar al de los pequeños grupos y las opiniones selectivas. ¿De qué lado estás? Me conminó una persona, que adelantaba libremente sus juicios en torno a que la bandera mexicana ondeara entre las caminatas nutridas de estudiantes que se hicieron oír por todos los rincones de San Diego.

¿La bandera? Tuve que hacer un ejercicio de reflexión, antes de contestar. Tengo sentimientos divididos en lo que toca a las banderas, a todas, las que sean. Verán. Durante años he visto ondear banderas en los juegos de fútbol, el sitio favorito de los fanatismos, de todas nacionalidades y colores. Mis sobrinos franceses asistieron a las marchas del mundial que tuvo como sede su país, el mismo año en que conocí la represión más brutal de la palabra en Zacatecas, envueltos en banderas. Imaginarlos luciendo así todavía me produce curiosidad y risa. Cuando me contaron sus andanzas yo recordé, en cosa de segundos, al policía al que le encasquetaron una peluca tricolor, en un evento igual, en la ciudad de México, en 1986, mientras tomaba un trago con mi hermana y Rosa Carmen, en el Perro Andaluz de la ciudad de México. Y, tengo que decirlo, siempre ajena al fútbol, con todo y sus euforias mundiales, jamás me interesó llevar pendones, ni grandes ni pequeños, sobre mi cuerpo.
Banderas llevan en el rostro los hinchas de todo el mundo. Junto a la de Irlanda, a menudo ondea desafiante el lábaro inglés. Alemania y Brasil se tocan en el aire, con ese ruido seco que produce el chifón o el algodón con que se confeccionan las pasiones nacionalistas futboleras.
Se llevan banderas en los llaveros, en las camisetas, en los chores. Se las colocan en la joyería en bolsos y mochilas, en llaveros, en zapatos y hasta en los calzones. Furor, pasión, ánimos encendidos generan las banderas aunque sea a manera de pequeño tatuaje sobre el rostro. Furor, pasión, fanatismo, eso es, ni más ni menos.

A modo de colofón de esta primera conjetura se los digo con el corazón. No somos originales. Las banderas de Italia y de Irlanda son igualitas a la nuestra. ¿Alguna pregunta? ¿Alguna sanción?

Explicación: Las banderas de todo el mundo ondean por distintas razones en prácticamente todo el mundo. Las embajadas, consulados, legados y misiones hacen ondear e izan de manera oficial su propia bandera. También colocan banderas nacionales los inmigrantes y propietarios de negocios cuyo concepto publicitario involucra a otro país. Bucca di Bepo, por ejemplo, tiene la bandera de Italia. Otros negocios despliegan lábaros con desparpajo y sin otra filosofía que promover sus bienes de intercambio. Muchos negocios panamericanos e internacionales despliegan más de una bandera para hacerse agradables a quienes los visitan. En un restaurante de Tailandia no es difícil prever que habrá alguna referencia a los símbolos patrios de aquel país, al igual que no sorprende que los meseros y asistentes sean igualmente tais (denominación familiar) o que lleven la ropa de ese país para emular costumbres, tradiciones y color que vende, al igual que la sazón de los manjares que ahí adquirimos. En un sitio como San Diego vemos supermercados, negocios antiestrés, tiendas de especialidades y una enorme variedad de servicios asociados a las banderas y tradiciones de Vietnam, Senegal, Somalía, Irán, Irak, Filipinas, Italia, Corea del Sur, Brasil, Perú, Sudáfrica, China continental, Taiwán, Hong Kong, Japón, Pakistán, India, Afganistán, Argentina, Salvador, Guatemala y, ciertamente, México, el vecino más cercano hacia el sur. En un día puedes ir de la panadería de dulce al negocio sofisticado y suntuario de tapetes persas o pachminas de Pakistán. No hay límites ni cortapisas. Yo vivo en Little Manila, trabajo en Little Modadicio, me gusta comer en Little Italy y comprar en Little Saigón. El nombre del supermercado donde compro la carne y el pescado ni siquiera lo podría pronunciar y cuando voy a El Tigre, para cambiar de aires, más del cincuenta por ciento de lo que ahí se vende viene de China y no de México, como todos damos en suponer.

¿Y mi bandera? No he sido afecta jamás a las banderas. ¡Lo juro! El día que me enrollé en una del PRD para corear el triunfo de Cuauhtémoc Cárdenas, mientras me hallaba de paseo por la ciudad de México, mis hijos y amigos me declararon absolutamente loca, sí, sí, loca de atar.

¿Y moriría por mi bandera? Por mi bandera no, no soy seré Juan de la Barrera o Fernando Montes de Oca… Pero por los derechos humanos de cuanta nacionalidad aquí he nombrado, sí, mil veces sí. La gente, no los trapos o los emblemas, sean éstos del género que sean, es lo que me mueve a mí a indignarme… No soy original, en eso, tampoco. Habemos muchos, muchísimos que nos indignamos igual y por las mismas causas, nadie lo dude.

Las marchas:

Eso de las marchas es como el networking que te recetan los médicos cuando comienzas a perder la razón, de tanto aislamiento. Sabías que los primeros síntomas del aislamiento involuntario son (1) hablar solo, (2) odiar a los vecinos, (3) atesorar o el mal del tacaño, (4) paranoia. Ojo, no soy médico, acabo de leer un artículo al respecto. Y aquí la lista de consecuencias del aislamiento, en cualquiera de sus formas:

Soledad (obvio)
Depresión
Psicosis
Obesidad
Inanición
Alcoholismo
Violencia
Irascibilidad
Intolerancia


Podría seguirle, pero de tan solo enlistar males privados me espeluzno. La vida, cuando no se vive como dicen los españoles, para la siesta y para la marcha (o la socialización) no vale la pena. Los que se cierran en sí mismos y temen desde el contagio de un catarro simple hasta la invasión de quienes viajan en grupos de a dos o más, andan mal, muy mal.

Las fobias:

El racismo es un tipo de fobia. Se ha comprobado médicamente que incurre en personas que padecen otras fobias como el terror a los microbios, la irritación por los ruidos o el horror por los niños. Muchas personas no perciben esas fobias y se adentran en ellas poco a poco, eliminando de sus vidas aquello que produce diferencia o variedad.
Los mecanismos de contagio de esas fobias:
El chisme, el hostigamiento en pro de la uniformidad, la ausencia de color, la expresión desparpajada del pensamiento personal.

Todos aprendimos que las libertades individuales terminan ahí donde inician las libertades individuales de otro individuo. ¿Qué pasó entonces?

¿Qué pasó, sí, pregunto, con ese señor que declaró en la televisión que estaría dispuesto a pagar el pasaje de una niña poeta que cantó con orgullo a sus raíces africanas, en el país donde viejas heridas no han sanado, en torno a la esclavitud?

¿Existe la libertad de expresión para las banderas de Inglaterra, Alemania, Austria, Canadá o los Balcanes, pero no para América Latina, El Caribe o los países Árabes?

¿Son pacíficos acaso los conglomerados por un juego de fútbol o de béisbol, no importa cuantas botellas rompan, pero no lo son las marchas pacíficas de estudiantes adolescentes o de inmigrantes venidos del sur del continente americano?

¿Piensas acaso que es correcto romper la ley si no te ven o si lo haces en un Free Way, a 90 millas por hora pero no a pie, en la vida, con la adrenalina activada por la indignación?

Apariencias que engañan:

Por años hemos acumulado incidentes de personas que son asediadas por la seguridad cuando ingresan a edificios públicos… La norma, la apariencia.

Un profesor que llevaba el pelo estilo Bob Marley y vestimenta casual, adquirida, probablemente, en una tienda de moda, fue detenido por la policía, con cargos de vagancia.

Bush preguntó al presidente de Brasil, a los ojos de plato de Condolezza Rice, si ahí también tenían “negros”. Así de simple, “blacks”, y obviando el hecho de que debió leer, un breve recuento histórico del país que visitaba, máxime si su curiosidad se detenía en una burda comparación etnográfica con el país que le abría las puertas. ¡Qué lástima! Se trataba del representante del país más diverso del planeta. Sí, sí, aquel en dónde gobernó Abraham Lincoln, hace 27 elecciones o 27 presidentes.

Entre el cuello blanco y el cuello sudado

Ahora algunos han dado en culpar a Fox y a su gobierno del problema migratorio. Tienen razón, en parte. Aquí algunas preguntas para los verdaderamente curiosos respecto a ese tema.

¿Quién usurpa los trabajos de los cuellos blancos?

a. los empleados de Citibank, en Nueva Delhi y Bombay.
b. los empleados de HSBC en cualquier parte del planeta.
c. los jardineros, agricultores y constructores de Estados Unidos, a quienes todos necesitan y muy pocos aprecian.


¿Si te dieran a escoger entre los siguientes, cuál elegirías?

a. trabajar para Walmart en México, con un sueldo de 600 pesos a la semana.
b. trabajar para Walmart en San Diego con un sueldo de 400 dólares por semana.
c. romper con el monopolio de Walmart, aunque te quedes sin trabajo.


¿Qué clase de muro quieres ver entre nuestros dos países, me refiero a México y Estados Unidos?

a. uno que detenga personas, capitales en fuga, cerebros en fuga, drogas, mercaderías, materias primas, por y hacia ambos lados.
b. uno que detenga personas pobres pero no capitales, ni cerebros, ni drogas, ni materias primas… y que las mercaderías solo fluyan desde uno hacia otro de sus lados.
c. Uno que sea poroso o impenetrable a conveniencia, aunque tengamos que admitir su falta absoluta de democracia.


¿Qué clase de trabajos estarías dispuesto a hacer, con tal de que no vuelva a pisar suelo americano un trabajador que no tenga documentos.



Trabajos de construcción
Plomería
Cañería
Desasolve
Siembra
Pisca
Ensamblaje
Jardinería
Limpieza de baños
Limpieza de oficinas
Limpieza de casas
Cuidado de niños
Lava trastes
Lava ropa industrial
Planchado industrial
Trabajo de invernadero
Enseñanza a niños que hablan otros idiomas
Eseñanza de idiomas
Enseñanza de arte
Enseñanza de artes manuales
Enseñanza a niños con capacidades especiales
Enseñanza en barrios diversos
Trabajo social
Consejería de padres y personas en readaptación
Lavado de autos
Servicio al cliente
Venta y reparto de periódicos
Minería
Transporte público
Transporte de mercancías
Mecánico
Pintor
Pintor de autos
Mantenimiento de albercas
Mantenimiento de apartamentos y casas habitación
Mantenimiento de oficinas
Electricidad
Soldadura
Alumbrado público
Limpieza pública
Tratamiento y reciclaje de basuras
Asistente de profesor
Prefecto
Instalación de cable o servicios telefónicos
Mesero
Chofer
Peluquero
Peinadora
Manicurista
Pedicurista
Guardia de seguridad
Construcción de carreteras
Cableado público



Antes de contestar, reflexiona en el sueldo que se obtiene por hora en los trabajos aquí mencionados.

Y aquí te va ahora la lista de trabajos favoritos entre los cuellos blancos:

Empleado de oficina
Coordinador empresarial
Vendedor desde casa
Agente de bienes raíces
Vendedor de autos (a la baja)
Gerente o supervisor de área
Propietario de franquicia
Banquero o empleado de ventanilla


¡Ufff! cada vez se acorta más la lista. Sintomático de una sociedad en donde el trabajo no parece ir a la par de las expectativas del ingreso o de las demandas propias de la labor, quiero decir, para los que no quieren pasar el día de corbata y cuello blanco.