Prometo enterarme bien qué exactamente es un badulaque pero seré siempre crítica y cuestionadora
Para calentar motores:
Hace un año mi mundo virtual se encendió de amenazas. No llegaron de entre la camaradería reaccionaria, al contrario, aparecieron entre los entrañables correos que recibo de los colegas y amigos más respetados en mi medio. La razón, había que echarse a manera de cargada a favor de López Obrador. Bien, bien, me dije, daré mi opinión. La andanada no se hizo esperar. Al aparecer mi texto De político a Mesías casi me linchan. Cómo, osaba yo levantar la voz contra el santo niño de Macuspana. Pues bien, como sostuve entonces, no acepto la corrupción, venga de quien venga. No podemos tener doble moral y pretender ser críticos solo contra quienes no nos gustan.
Primer preludio sabatino:
Cuando supe que los intelectuales llaman al voto por López Obrador al estilo de antes me irritó el dato. Ya son demasiadas las coincidencias entre la llamada oposición y el régimen de antes. El secuestro de urnas, la compra de tarjetas, los acarreos, las componendas en privado, las alianzas, los familiones en turno, la repartición de pluris como quien reparte panes. Así que de inmediato, al igual que muchos otros con los que no comulgo, ni de casualidad, me indigné. Y luego volví a indignarme cuando escuché en la radio del peligro que acecha a mi país. El locutor lo puso muy al desnudo: O gana López Obrador o habrá desestabilizad y crisis.
La oración me pareció familiar. Después del desafuero también vendría la inestabilidad. Si Fox no daba marcha atrás, bla, bla, bla… Y la consigna se repite. Si no creemos que Elena Poniatowska tiene la verdad, aunque al tenga de verdad, lo que viene después es amenaza, ominoso destino, furia del perdedor del juego.
2º preludio sabatino:
Me cansé, al menos en lo personal, de padecer los estragos de un país en donde los corruptos todo lo justifican aduciendo al “mal de muchos”.
¿Recuerdas ese poema de Rebelde? Me fascina, me enciende, me incita a la acción. Era un poema que cuando se escribió seguramente habrá levantado pestañas. Nos ofrecía la crítica, la no sumisión, el olor, la sonrisa, para mostrar a un mundo siniestro que hay luz, canto de alondra, alegría y otra forma de ser, aún de camino hacia el infierno.
RebeldeCaronte: yo seré un escándalo en tu barca.
Mientras las otras sombras recen, giman o lloren,
y bajo tus miradas de siniestro patriarca
las tímidas y tristes, en bajo acento, oren,
yo iré como una alondra cantando por el río
y llevaré a tu barca mi perfume salvaje,
e irradiaré en las ondas del arroyo sombrío
como una azul linterna que alumbrara en el viaje.
Por más que tú no quieras, por más guiños siniestros
que me hagan tus dos ojos, en el temor maestros,
Caronte, yo en tu barca seré como un escándalo.
Y extenuada de sombra, de valor y de frío,
cuando quieras dejarme a la orilla del río
me bajarán tus brazos cual conquista de vándalo.
(Juana de Ibarbourou, 1950)
Este Caronte no viene en son de paz
Pues bien, en medio de una jornada semanal que ha comenzado a rebasar las sesenta horas. Entre el tráfico y las prisas de días que, como un libro abierto, han comenzado a lanzarnos respuestas únicas e irrepetibles, reflexioné en lo que pasa en mi país.
Acabo de dar vuelta a la perilla del radio en donde Pascal Beltrán del Río analiza las nuevas de la contienda electoral. Cambios porcentuales, medición de opinión, nueva palabrería en torno a cuanto ocurre.
En EEUU, ni se diga, la radio solo emite narcóticos sonoros, comentarios de humor carentes de él, casi por regla.
Vuelvo al inicio. Prefiero enterarme de las guerras de México que de las guerras de Bush. Pero ya me extravié en el juego de las medias (de los gorritos), mejor vuelvo a mi realidad y la comparto, para que nos sintamos vivos o parte de esa realidad que las computadoras excluyen, cual consigna de dedos luminosos que apuntan, ya hace dos décadas que lo hacen, desde el interior de las pantallas.
Brotaron de la tierra
Acabo de vivir las dos marchas más impresionantes de la mi historia. Me lo llevo de tarea para otra vida, pues en ésta el tiempo laborioso excede ya con mucho al tiempo de los relojes que suele dejarnos, cuando se puede, el lujo de la reflexión …
Esas marchas, lo vimos, no las organizaron los partidos, ni las teorías. No hubo en ellas (des)ingenio intelectual ni menos floripondias consignas de aquí y de allá, desde la filosofía alemana hasta las sensacionalistas frases castristas (que cerca de la palabra castrense está castrista) que nos llueven dende la diestra y la siniestra y, no exagero, dende la infancia y la vejez de tanto intelectual forjado en años de gobiernismos y complicidades, de aquí y de allá.
La consigna más dolorosa, la que más se prendió a mi juicio o desjuicio de luego del domingo 9 de abril, es aquella que decía:
“Hace veinticinco que he vivido y trabajado en Estados Unidos, toda una vida”.
Al momento de leerla repasé con mis dedos uno a uno de mis años de exilio, hasta pasar los veinticinco. Recordé, mira como son las conexiones cósmicas, cuando uno le preguntaba a Gérard Pierre Charles, aquel luchador incorruptible que muriera en Haití, en pie de lucha, cuántos años llevaba en México, decía que más de los que había vivido en Haití. No dejó por ello de luchar por su patria. Jamás dejó de ser haitiano. Nunca, ni por accidente, habría renegado de su patria, la misma que lo expulsó, primero al exterior y luego al interior que no lo dejó cambiar nada, aportar, aunque fuera un granito de esperanza a esos jóvenes que hoy, en Haití, solo padecen hambre, desesperanza y miseria.
Al cabo de tres vueltas, dedo a dedo, fijé mi mirada de nuevo en las pancartas. Llevaban en su improvisación una misión certera, contar los cuerpos, de manera sencilla, contar los días, expresar la topografía contundente de nuestro éxodo… un pueblo en marcha.
Por la noche, cuando contaba, esta vez con palabras, lo ocurrido, me detenía sin pretenderlo en eso, el número de años, el número de días. Quienes marchamos ese día somos gente del siglo veinte mexicano. No habría nadie, estoy segura, que sobrepasara los 105 y una generación numerosa de niños nacidos en dos mil representaba ya a las generaciones que ingresarán a las escuelas pronto con una nueva nacionalidad y una nueva bandera.
Las válvulas de escape
Este año se cumplen veinte de la amnistía de Reagan. Los hijos de los migrantes legalizados en esa ocasión son hoy ciudadanos que votarán por vez primera en la próxima elección presidencial. Su vida ha transcurrido entre la zozobra de una existencia sin papeles y el papeleo de después. Ellos conocen la realidad desde adentro; el tío que no calificó, el padre al que deportaron hace veinte años, la familia que se quedó del otro lado, los parientes que sólo alcanzaron permisos temporales, los amores truncos porque las cuotas de migrantes mexicanos obligaban a esperar cinco años y la adopción de la ciudadanía para modificar las prioridades de admisión. La próxima generación, la que menciono, esa que se ha visto en carriola o recién estrenada en el arte de andar, no vivirá ahora la zozobra de los recién llegados, los que serán criminales, perseguidos, como cuentan los libros que perseguían judíos y moros en tiempos de la inquisición. Al asumir su nacionalidad llevarán en su canto, así lo llevan las ballenas, el dolor de su gente. Genes del éxodo se forjan en su composición de cuerpos reales. Sus hijos, recordarán en ellos estos tiempos difíciles y tal vez, perdidos en los caminos y rutas que llevarán hasta los años diez o veinte de este siglo veintiuno, se reivindique en ellos la búsqueda de fronteras y banderas movedizas que vimos, ellos y yo, un mes de abril de 2006.
Pobres aquellos que no miraron o sintieron este mar en movimiento. Era como un brotar de la tierra. Mi amigo David, que lo vivió desde Phoenix, le llamó mar de cucarachas. Se refería al color moreno, a la velocidad y diligencia con que tales insectos suelen llenar las superficies que transitan. Y yo pensé en un trozo bíblico. Si alguna vez voló mi imaginación hacia las imágenes nítidas de las páginas sanctas, fue entre esta gente buena y laboriosa que se dejó observar como en una instantánea milagrosa.
Y sorprendió, ya lo creo que sorprendió, en su expresión genuina de existencia a tanto investigador y tanto estudioso del tema. Y sorprendió a políticos y a las empresas medidoras y a todo aquel que todavía se sorprende de cuanto ocurre en la realidad. Somos el pueblo en éxodo que atravesó el mar muerto. Somos el pueblo en éxodo que recorrió las Aleutianas hasta encontrar terreno cálido y capaz de dar una mata comestible. Somos Aztlán, andando. Las palabras se acaban antes de que acertemos a decir. Los vimos, los sentimos, los escuchamos. Once millones, se dice fácil y, ciertamente, no se me tome como una ingenua que pienso que marchó un número igual. Pero marcharon muchos, muchísimos, muchos más que cualquier cuidad importante que no sea la ciudad de México o Guadalajara. Nos vimos, nos contamos, nos hablamos, nos imaginamos que juntos podemos hacer algo, algo para no seguir en esta vida de persecuciones y despojos, algo, algo, algo. Marchamos para apuntar bien claro en las páginas de la historia que ninguna causa hasta ahora en el mundo llamado “civilizado” se ha expresado en paz, de blanco, con tan solo la exigencia de existir y trabajar para hacerlo por el derecho que asiste a todo ser humano.
Esta voz es mía y cada quién su voz
Y de inmediato siguió la vida, con sus rutinas y sus peros. La semana transcurrió en declaraciones, silencios, más declaraciones y más silencios. Ahora toca pensarle, más allá, perdona Sergio, de la badulaquería de los que siempre suelen tomar posición y acomodarse con la realidad que les toca vivir a mayor proximidad, como quien no se molesta para casi nada.
Los políticos de México quieren capitalizar, mejor dicho, ya capitalizan. Las remesas de este pueblo en movimiento se han convertido en su principal y más segura fuente de ingresos. Para ellos que comen de nuestros impuestos, que se enriquecen con nuestra anuencia y que lucran con nuestras desgracias, como se vio claramente en la tragedia de Pasta de Conchos, donde el consejo directivo es de esos mismos políticos a los que el poder mandó momentáneamente al receso… para ellos, decía, nuestro pueblo en éxodo es como un gran grupo de ovejas al que guían en calidad de pastores.
Para los políticos de acá, nuestra gente es ya votante, ya cabra montesa, ya chivo, ya conejillo de indias…
Para cualquier país que viva del trabajo esclavo, un ejemplo viviente de que los esclavos de hoy no parecen ser una especie en extinción…
Y ojalá que nos sacudamos todas esas acepciones metafóricas que luego amenazan con volverse reales. No queremos que ser ovejas, ni cabras monteses, ni chivos, ni conejillos de indias. Será que hemos asumido nuestro papel de humanos, humanos que se mueven con firmeza. Miremos hacia nuestra realidad sin la interferencia de una pantalla luminosa o de una cadena mediática. Hablemos unos con otros, que no necesitamos de intelectuales que nos interpreten. Asumamos, con las mangas subidas y listos para cruzar el lodazal, que los cambios son nuestros, de nuestros hijos, de nuestros pueblos. Dejemos de esperar que un mesías venga a rescatarnos de esta inopia que hace que nosotros vayamos, mientras otros, muy plácidos, explotan nuestro trabajo.
Luchemos juntos contra la badulaquería
Que no hay otra realidad que la que regentea un señor llamado Kamel Nassif que pone y quita góberes, asegún sus propios intereses. Que no hay otra realidad que esa contienda de voces huecas que nos hostigan a promesas y amenazas de rebelión orquestadas por las policías corruptas y por los cuerpos infectados de la llamada “paz mexicana”.
¿Cómo entender la realidad en la que resulta que los desprotegidos huyen a Estados Unidos y los pudientes y tramposos a Cuba? Y por qué habrían de ser distintos los góberes amarillos de los góberes azules o tricolores, todos desde su pináculo sombrío que ha hecho del periodismo una empresa exterminadora de humanos –de esos que hablamos- y de los gobiernos estatales su agencia personal de colocaciones para ellos y toda su descendencia extendida hasta la especie de los compadres, los hijos y las hijas.
Y Sergio, mi Sergio. Yo creo que Elena Poniatowska no debería asumir la contienda de ese poderoso, porque supongo que quiere el cambio que ha venido anhelando en cada uno de sus libros. O qué ¿cambiamos tanto en persona, con los años?
Este mes de junio, nadie elige, todos nos sometemos. Nos impusieron candidato desde hace varios años y con él o con ella al repectivo séquito de andantes en busca de hueso o colocación, desde el más encumbrado hasta el más pichiruchi.
Para los que no estamos en eso, junio será más que elegir gobernante, como en el juego del pirulín. El verdadero reto está en mantenerse críticos, cautelosos, atentos a estos tiempos revueltos.
Que la corrupción ha acabado con el país, es evidente, míranos a todos, convertidos en un montón de expatriados o en una sociedad cada vez más empobrecida, menesterosa, con hambre. No me refiero a ti o a mí, sino a la gente de Mazapil, de Luis Moya, de Ciudad Acuña, del interior de México.
¿Te has preguntado quiénes vamos en éxodo? Los que nos negamos a morir de hambre o a ver morir el campo sin hacer nada, claro que sí… pero también los que se desgastan viendo a los jóvenes en trabajos eventuales o imaginando que convierten 4 de los seis metros de su vivienda de interés social, hipotecada a un banco chino, en un changarro.
Los que nos cansamos de hacer antesala o cola interminable para el más mínimo trámite; los hartos de las dobles filas, las mordidas, el narco…
¡Por Dios! No sé cuál sea el interés de votar, sin tener las cartas en la mano, a estas alturas. Cual la de crear una cargada del voto, sea cual sea el candidato de las preferencias personales. Cervantes, cuyo premio recibes al tiempo en que llamas “badulaque” a quien critica el triste papel de nuestros intelectuales convencidos de que la democracia no es más que una guerra entre señores más o menos corruptos, forjó la literatura cual lanza para cambiar el orden que vivió, que entonces parecía ser eterno.
Sabes, la migración es una válvula de escape. Posterga las pasiones, la indignación. Si tan solo miraran hacia acá quienes operan los destinos políticos de México, tan en el corto plazo, habrían invertido más tiempo en estudiar cuanto ocurre para saber “que su poder no será eterno”.
Yo, ya lo he dicho, no voto y espero que el buen juicio se apodere de nosotros y que ejerzamos nuestro derecho al plebiscito, a la revocación del poder, a la búsqueda seria de hombres y mujeres creativas para tomar al toro por los cuernos y a la historia un poco más en serio.
El resto es ese juego de gorritos que todos jugamos de niños donde no se sabe quien es quien, porque como escribí hace mucho, hace tiempo que en la patria de día y de noche todos los políticos son pardos, como suelen serlo los gatos, de noche. Mi reto para ellos es: El que esté libre de culpa que enfrente con la mirada al barquero… lo demás son temas para su delirante fantasía discursiva.
Diccionario:
Badulaque: coloq. Persona necia, inconsistente. En Ecuador, allí nació Manuela Sainz, Badulaque se usa para decir persona impuntual en el cumplimiento de sus compromisos.
Pardo: Del color de la tierra, o de la piel del oso común, intermedio entre blanco y negro, con tinte rojo amarillento, y más oscuro que el gris. Dicho especialmente de las nubes o del día nublado y oscuro (que carece de claridad). Dicho de la voz: Que no tiene timbre claro y que es poco vibrante.
Colofoncillo:
Luis Nishizawa, maestro del color, me dijo un día en confianza: El amarillo es el color de los locos. Por favor, esto no tiene que ver con la política. Cualquier semejanza que se escape desde el arte y la creatividad hasta tan sombríos mares subterráneos… es mera casualidad.
Para la próxima les propongo generar una lista colectiva de badulaques y no badulaques. Comiencen a enviarme sus sugerencias.
Yo me apunto, por si acaso, en la de badulaques, salvo que la compañía me obligue a generar mi propia columna.

