
Iniciamos nuestro mes de septiembre acudiendo a ese bastión de la mexicanidad que es la placita Olvera. Ahí, difrutamos de buena comida, en La Golondrina café, una caminata llena de evocaciones y, sobre todo, la sensación abrumadoramente real de estar en Fresnillo o en Ojocaliente, que no en esta urbe ultramoderna. La marcha que antecedió a nuestra paseggiata sabatina por este conjunto de ladrillo y adobe nos dejó con batería, así que nos fuimos, de boda en concierto, a cargo de un quasi clon de Alejandro Fernández, cuya voz, lo aclaro, no le pedía nada al astro popular, y que nos deleitó un buen rato, a tono romanticón.
Pero también nos echamos nuestros propios gorgoritos acompañados de un dueto de Jalisco y Michoacán, con esa rola partemadres: Triste recuerdo...

