Tuesday, March 28, 2006

Bandera de dulce de chocolate o de barras de muchos sabores, colores e idiomas. Símbolo de mi andar por el mundo...



Brigadeiros


Llamados tambien docinhos o negrinhos los brigadeiros acaban de llegar a mi vida. Los preparó, dijo que para mí, una alumna de español. Entró en la clase con gran orgullo y una platoncito que tenía unos treinta en total. "Brigadeiros" bromas pequeñas, pequeñitos compendios de chocolate y leche condensada. Pensé de inmediato que si habría de romper la dieta bien valía la pena hacerlo por unas bolitas minúsculas y dulcísimas. Y así, el episodio me llevó a la reflexión que aquí da inicio.


Durante todo el día escuché aquí y allá comentarios en contra de que los inmigrantes con quienes comparto origen, idioma y cultura, desplieguen su bandera a las primeras de cambio. ¡Claro! Todo tiene un límite. NO digo que se les permita elevar su pendón sobre el astabandera de la ciudad o de su escuela, en un sitio oficial, como si fuesen invasores declarando la toma de una plaza. ¡Eso no! Pero pintarse el cuerpo y la cara con los colores de su patria de origen; desplegar sus pendones en un juego de futbol; hacer ondear el lábaro desde el automóvil o el patio de su casa... Y sí, por qué no. Algunos piensan que no es patrio asumir en tu corazón más de una patria. Se ciñen estas personas a un concepto de patria que no entendemos casi nadie, digo, los inmigrantes que habitamos este país.

¿Y se refieren a todas las banderas? Yo todos los días veo, sin sentir el más mínimo signo de amenaza sobre mi persona, mis pertenencias o mi estatus, bastantes banderas. Las hay impresas en la ropa, en las entradas de los restaurantes, en los avisos comerciales. A mi paso, del trabajo a casa, veo la bandera de Corea del Sur y de Italia. Paso por dos locales donde ondean distintos símbolos de otras patrias. Es lógico, me digo de común. Formamos un país de inmigrantes. Como nunca me han gustado las salchichas en pan, platillo que vino de Inglaterra, selecciono día a día algún tipo de comida de sabores diversos. Hoy como Sushi, disfrutando a la vista con la bandera de Japón y la simbología del sumo. Mañana voy a India, vía el están de tandori y carnes tan sabrosas como las zacatecanas. Cuando no pido árabe o cantonés, me conformo con una buena pasta, una tampiqueñita o una buena fejoada. El encanto de vivir en Estados Unidos es ese, la cercanía con otros entre los que me veo en mi otredad, sin taras aislacionistas o sembradoras de pánicos.

Puedo decir sin lugar a dudas que emigré a este país por eso, atraída por la convivencia de muchas culturas, la posibilidad de tocar, oler y sentir a parcelas del mundo, desperdigadas cual terrenos de cultivo en una tierra cuya historia moderna me incluye, desde su nombre su origen y su tradición, ni nada más ni nada menos.

Y lo demás son brigadeiras/quise decir, brigadeiros.

Por favor, no dejen de copiarse la receta:

35 negrinhos:
- 1 lata de leite condensado
- 3 colheres (sopa) de chocolate em pó solúvel
- 1 colher (sopa) de manteiga
- Manteiga para untar
- 1 pacote de chocolate granulado (cerca de 80g)

Numa panela, fora do fogo, junte o leite condensado, o chocolate em pó e a manteiga. Misture bem para dissolver o chocolate. Leve ao fogo e deixe por 10 minutos, em fogo médio-baixo, até a massa desprender do fundo da panela. Passe para um prato untado com manteiga e deixe esfriar. Unte as mãos com manteiga e enrole os brigadeiros. Passe pelo chocolate granulado e coloque nas forminhas de papel.

Y para que no corran las quejas por mi internacionalismo tan a ultranza, les pongo mis cinco banderas favoritas, en desorden, por supuesto:

Brasil


México


Senegal

Estados Unidos

Hong Kong

Un cambio de actitud

Visita también culturadoor.com con lo último en las protestas multitudinarias contra la propuesta HR4437

"Walk out" de Edward James Olmos retrata a una generación, una serie de acontecimientos, una parte importante de nuestra historia más reciente. Visita su página publicitaria y entérate de como ocurrió aquella época ya legendaria, en HBO, pulsando aquí.

por María Dolores Bolívar


Es pronto para decirlo pero podemos percibir un cambio de actitud en el ánimo de los senadores que deliberaron el lunes 27 de marzo en torno a la reforma de la ley de migración, propuesta bajo la presión de los grupos más conservadores del país.

Algunos datos:

Se calcula que existen entre 11 y 22 millones de trabajadores sin documentos en Estados Unidos. ¿La discrepancia entre números no es gratuita? Los enemigos de los migrantes hispanos la inflan para erigir a los migrantes en el coco contemporáneo; la invasión bárbara, las fronteras sin control. Su vocero más leguleyo es sin duda Lou Dobbs, un comentarista cuya subjetividad ha trascendido los límites de toda comprensión por parte de cualquier tipo de audiencia que no comulgue, de manera casi identica con él.

Se aduce que los migrantes no tienen derechos, cuando el derecho prevee la figura de los derechos adquiridos en la práctica. NO es pequeño el número de indocumentados que ha echado raíces en Estados Unidos, como no es de menospreciarse el efecto que dará la mayoría de edad de las nuevas generaciones que, habiendo nacido en Estados Unidos podrían alcanzar la edad en que podrán facilitar la naturalización "legal" de sus padres.

Se pretende que los migrantes sean puestos en el mismo costal de los criminales, los terroristas, los narcotraficantes, cualquier persona que trasngrede las leyes. El debate cala hondo en el espíritu de una población que, justamente, por un sistema inoperativo de leyes y realidades dispares; por mecanismos de corrupción que alcanzan ya más de un siglo, ha propiciado este orden de apátridas del trabajo que emigran en busca de las oportunidades que un modelo económico fallido no ha sabido darles.


Algo pasó

La reflexión acerca de la magnitud del tema, llega tarde a la administración del presidente Bush. Ayer, el presidente habló de puertas abiertas y de legalidad como de extremos que reclaman reconciliación. En un mensaje que invitaba a los legisladores a “aplacar” a la población que visiblemente salió a las calles. La disyuntiva. Acabar de ver que la población hispana no puede ser tildada de intrusa y ya. Cautelosamente, las protestas se cifraron en temas importantes. El número de años que los migrantes amenazados llevan en Estados Unidos. Lo que son capaces de arriesgar las organizaciones civiles y religiosas por ayudar “humanitariamente” a quien no emigra movido por la criminalidad sino por el hambre y la miseria producida, entre otras cosas, por políticas fallidas concertadas en las altas esferas de los gobiernos.

La historia también llama a la reflexión. La evocación de momentos igualmente graves previos a un encuentro entre presidentes que tendrán que encarar, esta vez sí, de frente y sin excusas, el fenómeno migratorio.

De una propuesta radicalmente firme hacia la criminalización de la población indocumentada, los senadores hicieron pasar en un primer filtro hacia el pleno del senado los siguientes puntos clave:

1. Quedaron eliminados los puntos de criminalización de la migración ilegal.

2. Se plantea que los trabajadores que hayan vivido en Estados Unidos antes de 2004 podrán trabajar legalmente por seis años, al cabo de los cuales podrán calificar para la residencia permanente mediante el pago de una multa e impuestos atrasados y de aprender inglés.

3. Los nuevos inmigrantes requerirán de un permiso temporal de trabajo para poder calificar para la residencia permanente después de seis años.

4. Un programa de trabajadores huéspedes promete complementar estas medidas, para trabajos en el campo.


Los cambios de actitud son la respuesta evidente a días de protestas a nivel nacional que revelan que la población hispana no se quedará callada ante el endurecimiento de las leyes vigilantes y de una política de puertas cerradas que vuelva todavía más ardua la labor realizada por los trabajadores migrantes cuyos servicios son claramente útiles a la economía de Estados Unidos.

Queda por ver si habrá mayores cambios en el Senado, una vez que se reúna en pleno con el tema de esta controversial reforma a la ley migratoria.

Cabe notar que una página importante la escribieron los jóvenes californianos, asediados por la ola antiinmigrante e inspirados por la multitudinaria marcha en la ciudad de Los Angeles. Muchos de ellos nacidos en Estados Unidos, se han visto afectados ante la perspectiva de que sus padres sean convertidos, de a plumazo, en criminales. En sus casas, los jovenes llamaron emocionados para comentar lo hecho. Una chica, relata su salida de su preparatoria justo en el momento en que cruzó la puerta para unirse a un grupo de unos cincuenta que se dieron a la calle. "Go back to where you came from, le dijo la subdirectora, indicándole el camino hacia su salón de clases. "I came from Mexico", respondió la joven, cumpliendo su cometido, no sin cierto temor al castigo.

El día 27 de marzo queda como ejemplo de un nuevo “walk out”, una salida digna de los chicos que, en pocos años o meses, enfrentarán el asedio a su ingreso a las universidades. Recientemente, la ola antiinmigrante ha acometido contra la posibilidad de que algunos de esos chicos, cuya vida y formación ha transcurrido por entero en este país, sean excluídos de la experiencia educativa. Desprovistos de oportunidades, de por sí, debido a la pobreza, hoy los estudiantes han mostrado que no están dispuestos a renunciar, tan solo por ser hispanos, al derecho a educarse y ascender en la escala social hacia puestos y situaciones dignas.

"Walk out" evoca la cinta de Edward James Olmos, el ya clásico director de cine chicano que retrató acertadamente las luchas de una generación, la de los años setenta, que todavía no olvida.

Así, sin más, los jóvenes salieron a las calles abandonando sus aulas y lanzando consignas como “la tierra es de todos” e “iguales derechos” en un mundo de oportunidades.

Las marchas y protestas contra la propuesta HR4437 han trascendido a los habituales espacios de los medios en español y representan, simbólicamente, el refrendo de la lucha de César Chávez, a dos años de establecido su memorial oficial como un día de reconocimiento a su aportación a las luchas civiles. Para los que quisieran que Estados Unidos cierre sus puestas, a piedra y lodo, hoy, otra simbología más universal les salió al paso. ¡Llovió en California!


Colofón: Las escuelas decretaron hoy un “lock out day” para impedir que los estudiantes salgan a protestar de nuevo por las calles.

Segundo Colofón: La preocupación de Bush por una popularidad que se va como la marea en tierras bajas, aumenta.