
Brigadeiros
Llamados tambien docinhos o negrinhos los brigadeiros acaban de llegar a mi vida. Los preparó, dijo que para mí, una alumna de español. Entró en la clase con gran orgullo y una platoncito que tenía unos treinta en total. "Brigadeiros" bromas pequeñas, pequeñitos compendios de chocolate y leche condensada. Pensé de inmediato que si habría de romper la dieta bien valía la pena hacerlo por unas bolitas minúsculas y dulcísimas. Y así, el episodio me llevó a la reflexión que aquí da inicio.
Durante todo el día escuché aquí y allá comentarios en contra de que los inmigrantes con quienes comparto origen, idioma y cultura, desplieguen su bandera a las primeras de cambio. ¡Claro! Todo tiene un límite. NO digo que se les permita elevar su pendón sobre el astabandera de la ciudad o de su escuela, en un sitio oficial, como si fuesen invasores declarando la toma de una plaza. ¡Eso no! Pero pintarse el cuerpo y la cara con los colores de su patria de origen; desplegar sus pendones en un juego de futbol; hacer ondear el lábaro desde el automóvil o el patio de su casa... Y sí, por qué no. Algunos piensan que no es patrio asumir en tu corazón más de una patria. Se ciñen estas personas a un concepto de patria que no entendemos casi nadie, digo, los inmigrantes que habitamos este país.
¿Y se refieren a todas las banderas? Yo todos los días veo, sin sentir el más mínimo signo de amenaza sobre mi persona, mis pertenencias o mi estatus, bastantes banderas. Las hay impresas en la ropa, en las entradas de los restaurantes, en los avisos comerciales. A mi paso, del trabajo a casa, veo la bandera de Corea del Sur y de Italia. Paso por dos locales donde ondean distintos símbolos de otras patrias. Es lógico, me digo de común. Formamos un país de inmigrantes. Como nunca me han gustado las salchichas en pan, platillo que vino de Inglaterra, selecciono día a día algún tipo de comida de sabores diversos. Hoy como Sushi, disfrutando a la vista con la bandera de Japón y la simbología del sumo. Mañana voy a India, vía el están de tandori y carnes tan sabrosas como las zacatecanas. Cuando no pido árabe o cantonés, me conformo con una buena pasta, una tampiqueñita o una buena fejoada. El encanto de vivir en Estados Unidos es ese, la cercanía con otros entre los que me veo en mi otredad, sin taras aislacionistas o sembradoras de pánicos.
Puedo decir sin lugar a dudas que emigré a este país por eso, atraída por la convivencia de muchas culturas, la posibilidad de tocar, oler y sentir a parcelas del mundo, desperdigadas cual terrenos de cultivo en una tierra cuya historia moderna me incluye, desde su nombre su origen y su tradición, ni nada más ni nada menos.
Y lo demás son brigadeiras/quise decir, brigadeiros.
Por favor, no dejen de copiarse la receta:
35 negrinhos:
- 1 lata de leite condensado
- 3 colheres (sopa) de chocolate em pó solúvel
- 1 colher (sopa) de manteiga
- Manteiga para untar
- 1 pacote de chocolate granulado (cerca de 80g)
Numa panela, fora do fogo, junte o leite condensado, o chocolate em pó e a manteiga. Misture bem para dissolver o chocolate. Leve ao fogo e deixe por 10 minutos, em fogo médio-baixo, até a massa desprender do fundo da panela. Passe para um prato untado com manteiga e deixe esfriar. Unte as mãos com manteiga e enrole os brigadeiros. Passe pelo chocolate granulado e coloque nas forminhas de papel.
Y para que no corran las quejas por mi internacionalismo tan a ultranza, les pongo mis cinco banderas favoritas, en desorden, por supuesto:
Brasil
México
Estados Unidos
Hong Kong

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