Sunday, March 04, 2007

Noche de eclipse total con Dolores Huerta

por María Dolores Bolívar

Extraordinaria noche, pese a los fuertes vientos que azotaron el este del condado. En el corazón de San Diego, el espectáculo lunar sirvió de fondo al encuentro del bajo, el violín y un banjo gritoncillo que sustituía, decoroso, al bandoléon ausente de ese trío nochero. La concurrencia era vasta: activistas del género y de la causa chiapaneca. Oaxaca y la United Farm Workers. El liderazgo indígena y el futuro del migrante. Todos, en sintonía, al los acordes dulzones de un tango que sólo un par de muchachos quiso seguir, a pasos de aprendiz y, tal vez, a falta de otro par de osadas muchachas. Mientras tanto, la mayoría nos arremolinábamos en torno a la líder incansable y por siempre actual e inspiradora, Dolores Huerta.

“El rechazo a los trabajadores no es nuevo, como tampoco lo es el cuento de que se necesitan migrantes”, transmitió contundente Dolores. “Si el salario mínimo se fijara a lo que debe ser, aproximadamente 20 dólares la hora. Si los empresarios pagasen lo justo y además ofrecieran prestaciones médicas, como marca la ley, entonces muchos querrían hacer ese trabajo.”

Para Dolores el sistema funciona en base a una lógica adversa a los trabajadores. Todo es parte de un plan que favorece a los ricos. Basta ver la página financiera de los diarios que debería llamarse “reporte de crimen” (¿la verdadera nota roja?).

Evocando a Gandhi Dolores subrayó aquello de que “…no debiera haber riqueza sin trabajo.” “La desigualdad es hoy intolerable. Es inaceptable un acuerdo migratorio que contemple la entrada de trabajadores temporales, mismo que debiéramos nombrar ‘de esclavos’ temporales.”

Mientras nuestros países sean dependientes de Estados Unidos los trabajadores seguirán abandonando sus bellos pueblos, contra su voluntad, para encontrar el trabajo que no encuentran en sus lugares de origen. Eso se lo debemos a los tratados de libre comercio. Mientras no se creen mecanismos, como se hace en Venezuela, en Bolivia, que busquen la ayuda mutua entre los países latinoamericanos, esa situación irá en aumento, ahondó Dolores.

Y su mensaje fue una extraordinaria crítica, sin mucho verbo, de cuanto pasa hoy: Se pretende que haya paso de mercancías, de empresas, de dineros, pero no de personas. Mucho de eso tiene que ver con actitudes racistas. Nosotros mismos, los hispanos, debemos acabar con la negación de nuestros rasgos indígenas. Debemos cambiar de actitud. “¿Qué decimos cuando nace un niño? Nos alegramos si es güerito, siendo que deberíamos alegrarnos de lo contrario. Deberíamos decir que bonito y prieto salió, qué chula nariz tan chata…”

Y no es casual, sugirió Huerta, que los republicanos arremetan contra los grupos vulnerables. Lo hicieron contra las mujeres, contra las relaciones homosexuales. La única manera que tenemos esos grupos de cambiar las cosas es votando. No debemos sino notar el ejemplo de Arizona, donde representantes que se creían sin competencia “tuvieron que dejar sus puestos en el congreso”.

Dolores Huerta invitó a los presentes a trabajar para ayudar al desarrollo de un liderazgo indígena y a fomentar la organización entre la base trabajadora. “Ellos conocen sus problemas y saben identificar sus propias metas.” El organizador debe aportar y sugerir mecanismos para alcanzar esas metas que la comunidad ha identificado. En esa vena La fundación Dolores Huerta está dando pasos en esa dirección que incluye, por sobre cualquier otra fuerza de lucha, a las mujeres, quienes, como en otras especies del planeta, tienen que actuar por sí mismas, con decisión y hacerlo con coherencia y apoyo a otras mujeres que, como Nancy Pelosi, han conseguido alcanzar altos puestos políticos.

Y recordando la voz sudafricana “Unidad” y que todos venimos de África –el verdadero origen de la raza humana, que es una sola-, la noche concluyó con los aplausos rítmicos que apagaban el coreo imponente de un público muy nutrido que acudió curioso al gimnasio oeste de San Diego City Collage: ¡Sí se puede! ¡sí se puede!